medios, internet y política

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03 jun 2021

por Gabriela Borrelli Azara

ilustración de portada: José Peñaloza

Algunos Hitos

El año en que las cigarras llegaron a la TV

En 1984, tres notables mujeres irrumpieron en la TV argentina con una perspectiva y estética lésbica, reflexiva y oxigenadora para la sociedad de la que formaban parte. A casi cuarenta años, los medios siguen dominados por una lógica binaria que aplana los discursos e invisibiliza a las minorías.

Me contaron, yo no lo vi, me lo contaron y lo busqué: un video en youtube. Me lo contaron como diciendo mirá qué maravilla, mirá cómo eran las cosas y como son ahora, me lo contaron y lo ví. Tres mujeres en 1984 conducían de lunes a viernes a las 20 hs un magazine político de actualidad. Hablaban con ministros, hacían análisis políticos y entrevistas. El programa se vendía bajo el siguiente lema: del otro lado de la noticia, con una nueva opinión. No eran periodistas, sino tres nombres reconocidos del mundo del arte argentino: María Elena Walsh, María Herminia Avellaneda y Susana Rinaldi. Sentadas detrás de un escritorio, en un living o haciendo preguntas al lado de un piano. En el video que veo, María Elena Walsh usa un buzo blanco y se sienta entre María Herminia Avellaneda y Susana Rinaldi. Flota algo en el aire, lo que no se dice de todo lo que se dice. En realidad, este corte es parte de un video en que se recuerda a María Elena Walsh, y Susana Rinaldi comparte un fragmento del programa. Lo anuncia diciendo “en ese momento pensamos que tantas cosas eran posibles”. El corte muestra un informe en que una notera le pregunta a una mujer en la calle qué piensa de las tres conductoras del magazine y la mujer responde: “se nota que son de tendencia comunista, cuando habla una persona una se da cuenta cuando van contra el empresario, contra el capitalista, a favor del obrero, a favor del trabajador, esa gente ya se sabe que son de tendencia comunista, izquierdista, socialista, llámela como quiera, me parece que esas personas son las que arruinan el país.” Cuando regresan al piso, María Elena Walsh agrega entre risas: “nos faltó aclarar que también somos negras y judías”, visibilizando en el chiste los prejuicios más anquilosados en la democracia post dictadura de los 80.  María Herminia Avellaneda, poco a poco apagando la risa, agrega que nunca imaginó que la defensa de los pobres y los obreros podía significar ser comunista, “es evidente la sordera mental que sigue en el país, las viejas rutinas de pensamiento que La Cigarra fue un intento de romper, y que seguiremos rompiendo todos los días, porque si no lo hacemos todos, todos los días, esta maravillosa manera que tenemos que es vivir en democracia no lograremos culminar como debemos en el tiempo”. Han pasado 37 años de ese momento y no intento acá decir lo que ellas no quisieron decir de sí mismas, o no intento usar mis palabras para nombrarlas porque los nombres y las palabras que ellas eligieron hablan por sí solas aún después de cuatro décadas. Lo que flota en el aire, lo no dicho o dicho de otro modo, en el hiato entre las risas de judías y negras. Ahí. No quiero intentar el revisionismo bobo sino la mirada histórica, tirar de ese hilo para encontrar el hueco entre las palabras judías y negras, y hablar, poner en evidencia el vacío en la televisión actual. Un vacío que dejó un magazine en el prime-time a contramano del fuego todavía no apagado de la dictadura argentina. Un programa conducido por tres mujeres muy particulares, un programa que hoy no existe. Otra manera de pensar en el retroceso conservador de la actualidad: La cigarra sería hoy tan necesaria como lo fue en su momento. 

Extracto de un homenaje a María Herminia Avellaneda hecho por la TV Pública, en el que se ven pasajes de La Cigarra TV.

La pregunta parece caer siempre en el mismo lugar, ¿por qué decirlo? ¿con qué fin decir que soy lesbiana en la radio o en la TV de aire? Lo que flota, lo que no se dice, o se dice de otra manera, decirlo o no, y también invertir la carga de la prueba y cambiar la pregunta: ¿por qué lo diría? ¿cuánto cuesta decirlo? ¿cuánto me costó decirlo? ¿A qué estigmas u obligaciones me condenaba públicamente, aún en un medio de comunicación más o menos progre, “confesar” mi lesbianismo?, ¿a qué chistes? ¿a qué comentarios? ¿ A qué violencias sociales me expongo si lo digo? 

Otra manera de pensar en el retroceso conservador de la actualidad: La cigarra sería hoy tan necesaria como lo fue en su momento. 

Formas nada más (y nada menos)

Desde las orillas del aire, dice siempre Liliana Daunes que hace treinta años viene diciéndolo de mil maneras en la radio. Liliana no solo es una comunicadora feminista y lesbiana sino la voz de la democracia, la que en la radio de la apertura democrática llenaba con poemas y canciones el imaginario de lo posible. A ella sí la escuché. Era la voz también de las plazas del 24 de marzo y de las transmisiones de los Encuentros de Mujeres. Poemas, miles de poemas y canciones latinoamericanas para cantar a la revolución y al lesbianismo. Una voz en las orillas del aire tan necesaria hoy como en ese entonces. ¿Dónde está la estela de su manera de hacer radio? Lo que flota en el aire, en una lengua, una estética radial que es una ética. Hablamos también de las formas ¿no?, de aquella forma que toma el lenguaje televisivo o radial y dentro del cual hay que moverse. Una forma de decir, de hablar. Recuerdo que hasta no hace mucho tiempo en el ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónico) del cual soy egresada y fui profesora de Locución, les profesores le marcaban a les estudiantes si sonaban muy afeminados (en el caso de que fueran varones) o muy machonas (en el caso de que fueran mujeres). Abandoné la locución y su enseñanza mucho antes de dar la discusión sobre la fuga del ci-sistema, pero imagino qué problemas tendrán ahora fonoaudiólogas y docentes para quebrar esa binariedad sonora. Porque se quebró ¿o no? ah, avisen si fue así. 

En el ISER les profesores le marcaban a les estudiantes si sonaban muy afeminados o muy machonas.

Ay, es que me aburre terriblemente hacer cuentas pero puedo asegurar que el cupo no da, ningún cupo, ninguna cuenta. La radio está llena de chabones blancos heteros que son super abiertos pero no dijeron nunca la palabra lesbiana en voz alta. Trabajé muchos años como locutora en una radio pública. Casi dos décadas. Pero no quiero hablar de eso o me niego a contar anécdotas porque sería muy injusto, injusto con las que soñaron con lo que yo tuve y abandoné. También sería muy injusta con el conductor más generoso, mi maestro y amigo Tom Lupo. Con él, con las horas de aire y poesía que compartí se van los mejores recuerdos de esa vida radial, tan luminosa y feliz que arrastra todo lo feo. Por eso no es mi historia personal, sino un estado de situación político. Aunque soy comunicadora y lesbiana, no soy yo, una privilegiada, sino el cistema: la estética discursiva de los medios que  profundizan la heteronorma e invisibilizan a las lesbianas. Insisto, no haré la cuenta de quiénes son o cuántas (todas las cuentas salen mal) sino los discursos que circulan, los secretos, lo que flota en el aire. El juego de la estética. De eso tal vez me gustaría hablar, de la estética que es lo que se juega más que nunca ahora. Digámoslo, todo el mundo quiere verse bien. En la tele o instagram. Hasta en la radio, porque hay que sacarse fotos de promoción. Lo estético, lo bello. Bien escondido detrás de los discursos pretendidamente feministas y de empoderamiento asoma la dictadura de lo estético con más presencia que nunca. Miren, prendan ahora la televisión. Todas quieren verse bien, que el pelo, que las manos, que la camisita, que estar flaca, obvio, sobre todo estar flaca, eso antes que nada. De lo estético quiero hablar primero antes de quejarme de cuantas lesbianas hay en la tele, porque si pido lesbianas, ¿qué lesbianas me darán? No seguramente las proletarias feminizadas, no seguramente las que no pactan con el cistema estético imperante que tras los eufemismos del autocuidado tienden las trampas de la infelicidad

La estética discursiva de los medios profundiza la heteronorma e invisibiliza a las lesbianas.

Existe un régimen político-estético que domina los medios de comunicación, es heteronormativo y disciplinante. Quiero contar acá una pequeña anécdota que seguí: una joven periodista empieza a trabajar en TV, decide como una manera de visibilizar una posición política vestirse siempre de traje negro y corbata. La veo una vez, la veo otra, ella no lo dice, pero veo lo que intenta: ejercer el mismo privilegio de los varones en TV de vestir siempre lo mismo: un traje. Las mujeres en la televisión parecen ir siempre a un casamiento, no sé por qué, o en el mejor de los casos a un recital de rock muy paquete. La periodista se ataba el pelo o usaba trenzas y siempre el mismo traje negro, camisa blanca y corbata. Yo pensaba en el tiempo que ahorraba. Un traje. Así unos meses, hasta que poco a poco eso empezó a cambiar: camisas llamativas, peinados, maquillaje. No sé lo que sucedió y no importa. Sí importan esos meses en que se intentó hacer política desde otro lado. Esos trajes negros son el buzo de María Elena Walsh, son la forma de decir que no somos mujeres, que quebramos el pacto patriarcal y que nuestro punto de vista es otro: empezando por el estético dominante. No sé cuántas lesbianas hay actualmente trabajando en medios de comunicación, yo por ejemplo después de veintidós años trabajo una vez por semana en uno. Imagino que el promedio es bajo, y lo lamento, lamento la precariedad de nuestras vidas lesbianas, lamento que la violencia hetero empiece por corregirnos la estética y terminé con llevarse nuestras vidas. Parece que hablo de algo cosmético o superfluo, pero entre lo que parece y no parece se juega la violencia machista. La imagen permitida está regulada en gran parte por los imaginarios que instalan los medios de comunicación.  Podés ser pero no parecer, podés serlo pero no besarte en Constitución con tu novia, o podés serlo pero no como Higui en su barrio, que se defendió de una violación correctiva por lesbiana y porque se le notaba mucho. Lo que se nota, lo que está cuando rascas un poquito después de los grandes lemas. No quisiera terminar esta nota con un clima derrotista ni tampoco esperanzador porque no creo que las cosas mejoren en los medios mientras el debate estético no se de. Mientras los gerentes de programación sean chabones o minas dispuestos y dispuestas a perpetuar y resistir desde una política estética de lo que se ve bien o no en TV. Me gustaría pensar en este punto, marcar una zona en la que cabe y con la que dialoga el cuerpo lesbiano, con esa lengua escondida que vive en las calles y en la militancia que no tiene por cierto ni correlato ni camino en la actualidad y también me gustaría pensar en el eje histórico de la democracia, de aquellas leyes que hemos conseguido ampliando nuestros derechos ciudadanos pero en las batallas que hemos perdido en los medios que en la apertura democrática intentaban otra cosa, otras representaciones. Representaciones que en el juego de avance y resistencia por y sobre la heteronorma, las lesbianas quedamos fuera del aire.